

Raramente somos conscientes de hasta qué punto consigue la publicidad borrar la personalidad de cada uno de nosotros para hacernos partícipes de un modelo colectivo de comportamiento. Son estas imágenes con un alto poder persuasivo las que nos llevan a consumir tales productos. Son también responsables de (muchas veces) fomentar la ambición y el deseo de poseer más, haciendo que nos sintamos continuamente insatisfechos por no poseer algún producto nuevo del mercado.
Un ejemplo de cómo la publicidad fomenta la cultura de deseos es el de las zapatillas Easytone de Reebok.
En este afiche que vimos en varios puntos de nuestra ciudad hace ya algunos meses, el mensaje es muy claro. ¿Quién no quiere tener unas piernas tonificadas? Todas la mujeres deseamos esto, entonces Reebok nos lo ofrece sin necesidad de ir al gimnasio. Sencillamente perfecto, ya que somos muchas las que no nos gusta o no tenemos tiempo para ir. Con tan solo usar estas zapatillas para caminar por la casa salir a comprar o botar la basura (como en el afiche), tonificamos parte de nuestro cuerpo. Sin duda un ejemplo de algo que deseamos. Pero aún más interesante, Reebok nos invitó a probarlas, caminar con ellas, experimentar la sensación y con ello lograron, sin duda, muchas ventas.
EASYTONE TOUR DE REEBOK from FBI Publicidad on Vimeo.
Pero además de estos fines, la publicidad también es capaz de establecer modelos colectivos de valores, comportamientos y formas de vida saludables que orientan las necesidades y los deseos de las personas. En el caso de este afiche observamos una imagen conocida por mucho de nosotros (quizás parte de nuestra memoria colectiva), la imagen de los cinco marines americanos alzando su bandera en Iwo Jima en la segunda guerra mundial. En este caso se cambia completamente el contexto de guerra por una buena causa y aun así se sigue manteniendo relación con la historia, ya que el mensaje nos dice que es el último chance nuestro de cambiarla (refiriéndose a la historia) por todo el daño que le hemos hecho a nuestro planeta.
El diseño publicitario ha adquirido mayor importancia. Hoy un producto difícilmente se vende solo, necesita el apoyo de una buena publicidad, que no solo resalte sus características más importantes, sino que también invite al posible cliente a un mundo ideal, al cual solo podrá acceder y disfrutar tras la compra de dicho producto.
La imagen de lo ideal ha ido evolucionando con el tiempo, con nuevos factores propios de nuestra época, que al igual que la moda han ido cambiando. Algo que debemos resaltar y que vemos a menudo como tendencia (desde hace ya algunos años) es el concepto de distinción. Las diversas marcas lo manejan de modo diferente, pero imposible no verlo presente. El distinguirse del resto eleva el valor del producto, ya que esto involucra cierta “exclusividad” que para un nivel socioeconómico A es muy importante.
Otro caso es el de de Apple, que tuvo el slogan “Think different” porque efectivamente se trata, no solo, de una interfaz distinta, sino que ello involucra un modo distinto de operar. Sin duda va dirigido a un público selecto.
En el mundo de la publicidad, en el mundo fantástico, lleno de utopías, lleno de estereotipos y modelos a seguir, es de mucho valor el concepto que propone la marca, el o los personajes que intervienen ya que se trata de “lo que deseamos ser” o del “tipo de vida que nos gustaría llevar”. En este caso un buen ejemplo es el de Millionaire de Paco Rabbane que hemos visto no solo en la televisión sino también en varios afiches que han invadido nuestra ciudad y que maneja ese concepto en la publicidad y en el envase.
Es un claro ejemplo de lo que vende, lo que desearíamos que sucediera en la vida real.
En el caso de las mujeres son muchas las marcas que nos presentan a la “chica perfecta”, todo un estereotipo vinculado a una imagen sexy. En el caso de los cosméticos la marca M.A.C. aprovechó la imagen de la muñeca Barbie (que ya es parte de nuestra memoria colectiva) y que simboliza esa perfección.





